{"id":9560,"date":"2026-06-11T15:57:54","date_gmt":"2026-06-11T15:57:54","guid":{"rendered":"https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/?p=9560"},"modified":"2026-06-11T15:57:57","modified_gmt":"2026-06-11T15:57:57","slug":"resistir-desde-la-trinchera-feminista-en-honduras-y-guatemala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/ca\/resistir-desde-la-trinchera-feminista-en-honduras-y-guatemala\/","title":{"rendered":"Resistir desde la trinchera feminista en Honduras y Guatemala"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"wp-block-heading\">\u201cLos pilares de la violencia de g\u00e9nero son la familia, la Iglesia y el miedo. Los cuerpos ni siquiera pertenecen a las mujeres: son considerados propiedad de los hombres, al igual que las calles de Honduras\u201d.<\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"640\" src=\"https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-1024x640.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-9561\" srcset=\"https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-1024x640.jpg 1024w, https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-300x188.jpg 300w, https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-768x480.jpg 768w, https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-1536x960.jpg 1536w, https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-18x12.jpg 18w, https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica-600x375.jpg 600w, https:\/\/fervent-brahmagupta.135-125-119-145.plesk.page\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/dentro-cronica.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed expone Julissa la realidad de su pa\u00eds ante la clase de G\u00e9nero y Comunicaci\u00f3n del grado de Periodismo de la Universidad Aut\u00f3noma de Barcelona (UAB). Viste una chaqueta vaquera abierta que deja entrever una camiseta lila y de manga corta con el lema \u201c<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/yonoquieroserviolada\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Yo no quiero ser violada<\/a>\u201d, nombre de la organizaci\u00f3n en la que milita, y unas gafas de sol ochenteras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella, junto a Elsa Rabanales, l\u00edderes comunitarias y feministas en sus pa\u00edses, Honduras y Guatemala, respectivamente, han sido invitadas por <a href=\"https:\/\/suds.cat\/es\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">SUDS<\/a>, entidad de cooperaci\u00f3n con sede en Barcelona, y por Isabel Muntan\u00e9, periodista y profesora del grado de Periodismo en la UAB, con el objetivo de sensibilizar y visibilizar la problem\u00e1tica de la salud sexual y reproductiva en ambos pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Julissa tiene 31 a\u00f1os, es activista feminista por los derechos de las mujeres en Honduras y cursa el \u00faltimo a\u00f1o de Periodismo en la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de Honduras (UNAH). Su discurso es directo, sin rodeos. Denuncia con datos y expone, sin prisa, la realidad que vive su pa\u00eds desde hace d\u00e9cadas, especialmente en materia de g\u00e9nero y vulneraci\u00f3n de los derechos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cHoy en d\u00eda tampoco contamos con educaci\u00f3n sexual integral. Hablar de sexo en las escuelas est\u00e1 prohibido, porque se argumenta que ense\u00f1ar educaci\u00f3n sexual es incitar a las ni\u00f1as a tener relaciones a edad temprana\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 2024, seg\u00fan datos del Ministerio P\u00fablico hondure\u00f1o, recogidos por el <a href=\"https:\/\/derechosdelamujer.org\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Centro de Derechos de Mujeres<\/a>, se presentaron 3.350 denuncias de violencia sexual contra mujeres y ni\u00f1as. De estas, el 62% corresponden a menores de edad. Ese mismo a\u00f1o, el Servicio Nacional de Emergencias del pa\u00eds contabiliz\u00f3 3.233 llamadas por delitos sexuales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00bfQu\u00e9 pasa cuando una mujer denuncia? \u00bfCu\u00e1l es el procedimiento? \u00bfC\u00f3mo responde la polic\u00eda?\u201d, pregunta Julissa en voz alta ante el alumnado. \u201cLo primero que te preguntan es si realmente no quer\u00edas, si no fue un malentendido. Porque puede que, seg\u00fan ellos, haya sido un malentendido por tu parte. En el pa\u00eds, cuando se producen violencia sexual, abortos o embarazos no deseados, la justicia tampoco existe. La justicia nunca est\u00e1 ah\u00ed para las mujeres\u201d, se responde a ella misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De acuerdo con la <a href=\"https:\/\/ine.gob.hn\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Encuesta de Prevalencia del Instituto Nacional de Estad\u00edstica<\/a>, 24 de cada 100 mujeres en Honduras han experimentado violencia sexual al menos una vez en la vida. Pese a estos datos, el aborto es ilegal en cualquier circunstancia, incluso en casos de violaci\u00f3n, incesto o malformaciones fetales, lo que contribuye a que el pa\u00eds registre uno de los \u00edndices m\u00e1s altos de embarazos adolescentes de Am\u00e9rica Latina. Seg\u00fan nos cuenta Julissa, existen casos documentados de ni\u00f1as que dan a luz despu\u00e9s de haber sido agredidas por el entorno familiar, una realidad con m\u00e1s prevalencia en las zonas rurales del pa\u00eds.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa impunidad es m\u00e1xima. Casi siempre, si el agresor es alguien conocido del pueblo, o peor, un referente religioso, la denuncia se modifica para que no conste como agresi\u00f3n sexual. No hay juicio ni nada. La mayor\u00eda de las denuncias ni siquiera tienen seguimiento\u201d, apunta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Dentro <\/strong>del aula, el alumnado atiende en silencio; la brutalidad de los hechos y la ret\u00f3rica con la que se desenvuelve Julissa no dejan margen al despiste. Y tras un rato de charla y contexto hondure\u00f1o, Isabel Muntan\u00e9, cede la palabra a Elsa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Elsa Rabanales tiene 33 a\u00f1os y el <em>huipil<\/em> rojo que viste demuestra r\u00e1pidamente sus or\u00edgenes ancestrales. Creci\u00f3 en Huehuetenango, al este de Guatemala y arropada por el calor de la comunidad maya. Es maestra de educaci\u00f3n primaria y trabajadora social, ambas profesiones que combina a trav\u00e9s de la cosmovisi\u00f3n maya para la organizaci\u00f3n <a href=\"http:\/\/actorasdecambio.org.gt\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Actoras de Cambio<\/a>, que desde 2004 trabaja con&nbsp; mujeres feministas y disidencias de diferentes culturas \u2013mayas, mestizas\u2013, para reparar el horror sufrido durante muchos a\u00f1os en el pa\u00eds, sobre todo durante la guerra civil, y luchar contra la violencia sexual y el racismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan expone Elsa, y que sostienen organizaciones civiles y de derechos humanos como <a href=\"https:\/\/www.amnesty.org\/es\/location\/guatemala\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Amnistia Internacional<\/a>, el legado del conflicto interno en Guatemala, que se alarg\u00f3 de 1960 hasta los Acuerdos de Paz en 1996, arrebat\u00f3 cuerpos y despoj\u00f3 a muchas mujeres. En ese escenario, el abuso sexual fue una pr\u00e1ctica premeditada y sistem\u00e1tica: el cuerpo de las mujeres, como en tantos otros conflictos, fue la herramienta perfecta de castigo, control y desestabilizaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre las comunidades m\u00e1s golpeadas, la poblaci\u00f3n maya, junto a otros pueblos originarios, fue especialmente expuesta y devastada. De ah\u00ed que la historia y lucha de Elsa est\u00e9n claramente atravesadas por la herida y la memoria. De hecho, y como me cont\u00f3 durante estos d\u00edas que pasamos juntas por Barcelona, su madre fue una de las primeras mujeres en empu\u00f1ar un arma en una guerrilla que&nbsp; participaba para defender el cuerpo, la tierra y su comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cPara nosotras, o para m\u00ed, aplicar una cosmovisi\u00f3n maya en la reparaci\u00f3n de las violencias sexuales en Guatemala significa mucho, porque despu\u00e9s de una violaci\u00f3n sexual, pr\u00e1cticamente te desconectan de tu cuerpo. Y en palabras de las mismas compa\u00f1eras, te matan en vida. No existes para vivir, para disfrutar, est\u00e1s presente, pero est\u00e1s ida, desconectada. Entonces, recuperar los saberes ancestrales y la cosmovisi\u00f3n maya nos ha permitido encontrar la conexi\u00f3n con el agua, con la tierra, con el fuego, como sentirnos que somos parte de la totalidad\u201d, relata Elsa, que lo cuenta no solo como una pr\u00e1ctica de sanaci\u00f3n, sino como una forma de identidad y de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Guatemala, la salud sexual y reproductiva de las mujeres y adolescentes atraviesa grandes desaf\u00edos: elevados \u00edndices de embarazo adolescente, dificultades de acceso a los servicios de salud, escasa educaci\u00f3n sexual y poca perspectiva de g\u00e9nero, que al mismo tiempo se agudizan por un contexto marcado por la influencia de sectores religiosos con voz y voto en el debate pol\u00edtico y social.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 44% de las mujeres de 20 a 24 a\u00f1os ya han dado a luz antes de los veinte a\u00f1os, y la tasa de natalidad entre adolescentes de 15 a 19 a\u00f1os alcanza los 114 nacimientos por cada 1.000, la m\u00e1s alta de toda Centroam\u00e9rica. Las mujeres ind\u00edgenas (54%), las que viven en zonas rurales (57%) y las que tienen un nivel socioecon\u00f3mico bajo (62%) son las m\u00e1s afectadas. Entre las mujeres casadas de 15 a 24 a\u00f1os, m\u00e1s de la mitad (53%) no tienen las necesidades anticonceptivas cubiertas y solo una cuarta parte utiliza m\u00e9todos modernos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de la existencia de pol\u00edticas nacionales como el Plan Nacional de Prevenci\u00f3n de Embarazos (PLANEA) y otros mecanismos de ayuda a las v\u00edctimas, existen carencias cr\u00f3nicas en la ejecuci\u00f3n efectiva de los programas. La impunidad judicial en casos de violencia sexual, la resistencia cultural a abordar estos temas y una baja prioridad presupuestaria prolongan un patr\u00f3n de maternidad forzada que condena a generaciones enteras, especialmente a comunidades ind\u00edgenas. Y lo que sucede es que la criminalizaci\u00f3n no reduce la incidencia de abortos, sino que empuja a muchas chicas y mujeres a la clandestinidad, lo que provoca el aumento de complicaciones, e incluso muertes en quir\u00f3fanos a menudo improvisados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de los datos, Elsa sonr\u00ede y, de manera genuina transmite esperanza a los y las j\u00f3venes durante su intervenci\u00f3n. Y lo hace desde la convicci\u00f3n de que los cambios no son individuales, sino colectivos y, por supuesto, feministas. \u201cNos hemos dado cuenta y hemos reflexionado que la justicia en Guatemala no va a cambiar hasta que no haya cambios estructurales. Desde nuestra comunidad y Actoras de Cambio recuperamos la vida a trav\u00e9s de la sanaci\u00f3n y el arte, con alegr\u00eda, para poder seguir resistiendo. Nos juntamos en c\u00edrculos cuando lo necesitamos, entre mujeres, para hablar de lo que nos pasa, llorar si hace falta y sentirnos acompa\u00f1adas. Todo esto nos empuja a hacer cosas distintas, a no paralizarnos. Nos cuidamos a trav\u00e9s de herramientas que compartimos y que nos han ense\u00f1ado otras mujeres. Y creemos que, a pesar de todo, es posible vivir en alegr\u00eda y salir as\u00ed a las calles\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los mayores desaf\u00edos que afrontan los feminismos en Am\u00e9rica Latina es el avance del evangelismo. La expansi\u00f3n de las iglesias evang\u00e9licas en las \u00faltimas d\u00e9cadas ha sido significativa y sostenida en toda la regi\u00f3n. En Per\u00fa, Ecuador, Colombia, Venezuela, Argentina y Panam\u00e1, las cifras se sit\u00faan aproximadamente entre el 12% y el 20%. En Costa Rica y Puerto Rico alcanzan alrededor de una quinta parte de la poblaci\u00f3n. En Brasil, los datos recientes apuntan a cerca de un tercio, mientras que en pa\u00edses de Centroam\u00e9rica como Guatemala, Honduras o Nicaragua, el peso de la poblaci\u00f3n evang\u00e9lica supera con frecuencia el 40%. En este contexto, las iglesias evang\u00e9licas se han consolidado como un actor social y pol\u00edtico de primer orden, con una gran influencia en el debate p\u00fablico. Su presencia incide directamente en cuestiones vinculadas a la familia, la educaci\u00f3n sexual, el g\u00e9nero y los derechos reproductivos, que perpet\u00faan y fortalecen el sistema patriarcal y machista.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cMe cri\u00e9 hasta los seis a\u00f1os en Cop\u00e1n, un pueblo rural de Honduras, y bajo el yugo de una familia, sumamente religiosa, de derecha recalcitrante y evang\u00e9lica. Ahora vivo en la ciudad de Tegucigalpa porque quer\u00eda decidir sobre mi vida: no tener que casarme a los veinte a\u00f1os, poder llevar el pelo tintado de verde, vestir pantalones cortos y salir de fiesta\u201d, nos cuenta Julissa mientras se toma un americano en el bar de la facultad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cMi abuela me dec\u00eda que antes nadie iba a la iglesia, y ahora todos a misa\u201d, replica Elsa, que explica c\u00f3mo esta tendencia est\u00e1 satanizando a\u00fan m\u00e1s los saberes ancestrales y las culturas originarias del pa\u00eds.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El evangelismo conlleva todo un dispositivo narrativo profundamente conservador: promueve modelos tradicionales de familia, estereotipos de g\u00e9nero y limita, hasta la prohibici\u00f3n, los derechos en salud sexual y reproductiva, lo que obstaculiza iniciativas feministas y perpet\u00faa desigualdades estructurales. En Guatemala, pese a la llegada de un gobierno de corte progresista encabezado por Bernardo Ar\u00e9valo, la influencia de estos sectores religiosos y conservadores en las esferas p\u00fablica, econ\u00f3mica y social contin\u00faa siendo un factor determinante en el escenario pol\u00edtico, jur\u00eddico y cultural del pa\u00eds. Las iglesias evang\u00e9licas tienen una fuerte capacidad de movilizaci\u00f3n e incidencia, que articulan agendas contrarias a los derechos sexuales y reproductivos. Su alianza con actores pol\u00edticos y sociales ha contribuido a frenar reformas en materia de igualdad de g\u00e9nero y, en determinados momentos, a condicionar decisiones gubernamentales. Un ejemplo de ello es la continuidad de iniciativas legislativas impulsadas por el denominado \u201cFrente Parlamentario por la Vida y la Familia\u201d, activo en el Congreso desde 2024 y respaldado por diputados de distintos bloques, as\u00ed como por representantes de la Iglesia cat\u00f3lica y evang\u00e9lica. Este espacio promueve propuestas orientadas a la protecci\u00f3n de la vida desde su concepci\u00f3n y al fortalecimiento de la familia como n\u00facleo central de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en el caso de Honduras, el panorama es a\u00fan m\u00e1s complicado, sobre todo, despu\u00e9s de la reciente toma de poder de Nasry Asfura\u2013conocido como Papi a la orden\u2013, y que d\u00edas antes de las elecciones en noviembre recibi\u00f3 el apoyo p\u00fablico del presidente estadounidense, Donald Trump. Su llegada al poder supone un giro hacia posiciones m\u00e1s conservadoras en un pa\u00eds donde los sectores evang\u00e9licos y tradicionales ya contaban con una marcada capacidad de incidencia en el debate p\u00fablico y en la agenda pol\u00edtica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEn la actualidad, en Honduras se han registrado, entre 2020 y 2025, un total de 51.751 partos de menores de edad atendidos en hospitales p\u00fablicos. El pa\u00eds ha atravesado recientemente un proceso electoral marcado por la llegada al poder de sectores de derechas: el mismo gobierno que asesin\u00f3 a Berta C\u00e1ceres, el mismo que prohibi\u00f3 la p\u00edldora, el mismo que disminuy\u00f3 las penas para los agresores sexuales. Se llaman a s\u00ed mismos \u2018provida\u2019, pero no hacen nada por la vida. Es importante visibilizar y se\u00f1alar que vivimos bajo una cultura de la violaci\u00f3n que hace que se cuestione siempre a la v\u00edctima y no al agresor\u201d, matiza Julissa.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cae la tarde y en la Universidad Aut\u00f3noma de Barcelona empieza a hacer fr\u00edo. Les propongo ir volviendo hacia Barcelona Y, de camino, junto a las ventanillas del ferrocarril por las que desfilan Sant Cugat del Vall\u00e8s, Volpelleres, Sant Joan, Bellaterra\u2026 Elsa nos cuenta un poco m\u00e1s sobre Huehuetenango, de las monta\u00f1as que lo rodean y de su vida all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAhora soy la \u00fanica que vive en la comunidad junto a mis dos hijas, una adolescente de 13 y una nena de 6. Mis dos hermanos y hermanas se marcharon a Estados Unidos. Mi marido tambi\u00e9n, hace ya cinco a\u00f1os\u201d, dice. Julissa la escucha y a\u00f1ade que ella tambi\u00e9n tiene una hija peque\u00f1a de cinco a\u00f1os, a la que cr\u00eda sola junto a su compa\u00f1era de piso, amiga y ni\u00f1era.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de haberlas acompa\u00f1ado durante la semana, y escucharlas <strong>dentro,<\/strong> y tambi\u00e9n fuera del aula, les pregunto si no tienen miedo por sus hijos e hijas. \u201cAl principio tuve mucha culpa por haber parido. Fue una decisi\u00f3n consciente. Pensaba: \u2018pobrecita, no ten\u00eda por qu\u00e9 nacer aqu\u00ed, en este contexto, en esta provincia\u2019. He cargado con esa culpa hasta hace poco, hasta que me di cuenta de que no pod\u00eda evitarlo. Podemos ense\u00f1arles sobre el consentimiento, podemos intentar prevenir, pero los agresores est\u00e1n ah\u00ed. No son locos: son hombres que pueden estar en cualquier parte\u201d, me responde Julissa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfY has pensado en salir de Honduras? le vuelvo a preguntar.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNunca. Si la ni\u00f1a cuando se haga mayor se quiere ir, no se lo prohibir\u00eda ni le har\u00eda sentir culpa. Pero yo siento que mi lucha est\u00e1 en Honduras, y siempre va a estar en Honduras\u201d, concluye.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLos pilares de la violencia de g\u00e9nero son la familia, la Iglesia y el miedo. Los cuerpos ni siquiera pertenecen a las mujeres: son considerados propiedad de los hombres, al igual que las calles de Honduras\u201d. 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